Todas las mañanas voy al parque dispuesta hacer mi rutina de ejercicios diarios; aunque para mi sorpresa, justo hoy me encontré a Carlos, un viejo amigo de la preparatoria. Me acerqué a él para conversar un rato, puesto que teníamos tiempo sin vernos, y era necesario ponernos al día. Su rostro, emanaba una profunda tristeza; en ese momento no sabía a qué se debía, pero con el pasar del tiempo conocí la verdadera razón.

Debo decir que ya han pasado cuatro años desde aquel encuentro, y aún Carlos parece cubierto por un sentimiento fuerte de dolor. Perdió a su esposa en el año 2014 en un accidente de tránsito; desde allí, llevar una vida completamente tranquila ha sido todo un reto para él.

Este proceso complejo, y el estar sumergido en un duelo constante, es lo que podríamos denominar: “Duelo Patológico”; dicho duelo se caracteriza por la intensificación de los sentimientos, sin conseguir la superación total del hecho. Podemos distinguirlo del duelo normal a partir de seis aspectos fundamentales:

  • Recuerdos consecutivos de la persona fallecida.
  • Depresión, cargas emocionales de tristeza y amargura manifiestas en el devenir diario.
  • Pensamientos frecuentes alusivos a la pérdida.
  • Insatisfacción y sensación de un recurrente vacío.
  • Evasión de lugares que generan recuerdos del ser querido.
  • Falta de asimilación y aceptación de la muerte (a largo plazo).

¿Cómo manejar adecuadamente un duelo complicado?

Resulta necesario ser bastante cauteloso con este tipo de patología; verificar los síntomas, el tiempo, y recibir la opinión de un profesional. Tal y como se expresa en la historia de Carlos, muchos padecen esta situación por causa de una pérdida significativa; especialmente si esta se manifiesta en condiciones desapercibidas e impensables.

Debemos orientarnos hacia la búsqueda de un equilibrio emocional y psicológico, que nos permita asimilar y procesar nuestro dolor. Aunque la tristeza parezca invadirnos, aceptar la situación, buscar, y contar con el apoyo de un grupo especializado, podría constituir el primer y gran paso a la reivindicación de una verdadera sanación.

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