Solemos despertarnos por la mañana y ducharnos para quitarnos el polvo del día anterior, pero seguimos llevando encima la carga emocional del ayer. No tiene por qué ser así. Podemos renovarnos cada día y partir de cero, podemos saludar el día frescos y limpios: basta con que centremos nuestra conciencia en el presente, que veamos la vida como realmente es.