¡Mamá, papá, los amo! Una expresión de amor y afecto que proyecta un niñx y que sin lugar a duda en cualquier circunstancia te llena de alegría.

Ese momento que parece producirse de forma desprevenida, rodeado de una inconmensurable emoción ante el recibimiento de sus padres luego del trabajo, ante un obsequio inesperado, ante una nueva mascota, ante el amor brindado en su hogar; muchas veces se disipa en el aire…

¿Por qué? Quizá por el surgimiento de acontecimientos que de alguna manera trascienden los sentidos de todx niñx. Simplemente lo toman desprevenidx, como el asumir el dar en adopción a los cachorros de su amada perrita “Sashy”, y aún más si no tiene hermanos; la pérdida, daño, o hurto de su juguete preferido en la casa de su amigo Pedro; o de haber discutido con su mejor amigx en la escuela.

Diversas cosas pueden ocasionar un vuelco en la vida de un niñx, por muy pequeñas e insignificantes que parezcan. Como el caso de Juan Moncada, un niño que le gustaba recibir todas las atenciones de su familia, un niño muy consentido por naturaleza se podría decir.

Cada día Juan esperaba que fueran las 4:30 pm, sabía que a esa hora llegaba su padre Andrés, y esto implicaba el recibir un delicioso caramelo que indudablemente colocaba una inmediata sonrisa en su rostro, ¿de qué será esta vez? Era su única preocupación.

Por otra parte su mamá, María, como sabía que aprovechaba a su padre para jugar baloncesto, se tomaba su tiempo para preparar unas ricas galletas con chispas de chocolate (las preferidas de Juan); pero bajo la condición de que Juan se bañara antes de dormir, puesto que conocía cuánto le costaba convencerlo a pesar de lo sudado que pudiese estar.

Lo que Juan desconocía es que en casa sus padres mantenían discusiones de manera frecuente y de manera creciente; no se imaginaba que aquella pelea que escuchó un día sería tan relevante para lo que acontecería después. Un día, mientras Juan estaba en la escuela, María y Andrés discutieron con un tono aumentado a tal grado que María pidió a Andrés que se retirara de la casa y le concediera el divorcio; cansada ya de estar día tras día inmersa en el mismo ambiente tóxico en el que llevaban ya varios meses sin mejora alguna.

Pasaron varios días, semanas, un par de meses… y Andrés comenzó ausentarse durante fines de semana; hasta que un día no volvió aparecer por la casa. Simplemente decidió abandonarlos, sin poder asumir sus responsabilidades aunado a la presión de la mala relación que tenía con María.

Lo que pasó por alto Andrés fue el gran daño que le estaba ocasionando a Juan. La pérdida de su papá lo hizo pasar por un cambio de actitud, comenzó a notarse más agresivo en la escuela, se aisló por completo de sus amigos habituales, comenzó a tomarse las cosas con más literalidad, y con el pasar del tiempo sus niveles de inseguridad aumentaron; esto generó bastante preocupación.

María por otro lado, sólo buscó brindarle la ayuda que este necesitaba, porque aunque su padre no había fallecido, su ausencia había generado un desorden emocional evidente que solo el tiempo y la ayuda de especialistas podría sanar.

Esta historia que hoy compartimos con ustedes, es un peldaño de conocimiento de los tipos de duelo que puede sufrir un niñx; a veces consideramos que sólo se manifiesta cuando un familiar fallece, pero la realidad va más allá de la muerte. Su duelo puede vivirlo de una manera que tal vez no habíamos pensado hasta ahora; por ausencia de sus padres, la pérdida de su juguete preferido, de su mascota, por eventos fuera de nuestro control como: desastres naturales, accidentes de autos, enfermedades terminales; entre otros.

La vida es similar a un video juego, toda una historia por recorrer, llena de batallas y de guerras. Pero lo más importante, es saber que al tener las claves en tus manos, debes aplicarlas. Las decisiones que tomes ahora, constituyen un pilar fundamental de tú presente; sin embargo, en ocasiones necesitamos ayuda para superar los obstáculos, y así conquistar verdaderamente el camino.

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